Por Redacción
Potosí, 31 de agosto de 2026.- El escritor Juan Claudio Lechín reconstruye en su novela ‘Catalina de dos mundos’ la primera falsificación de moneda a escala global, ocurrida en el virreinato del Perú con el real de a ocho acuñado en Potosí. La villa colonial, ubicada en la ciudad boliviana altiplánica junto al Cerro Rico, era la principal fuente de plata del mundo y llegó a producir 200 toneladas anuales de este metal en su mejor temporada.
Lechín, quien tiene 70 años y es originario de La Paz, tardó más de tres décadas de investigación para rearmar la trama de corrupción que abarcaba desde el portero de la Casa de Moneda en Potosí hasta el corregidor. El germen del libro comenzó con la lectura del cuento decimonónico ‘Los tesoros de Rocha’, de Julio Lucas Jaimes. Al respecto, el autor señaló: “A partir de ahí, comenzó la infección, el virus, a preguntarme si era un hecho real o ficticio”. Para confirmar los datos, acudió a crónicas, sociedades numismáticas y principalmente al historial de los juicios contra los falsificadores de monedas que empezaron en 1648 y están resguardados en el Archivo General de las Indias, en Sevilla.
La investigación reveló que una red de gobernadores, comerciantes, caciques andinos y banqueros europeos adulteraba con otros metales la moneda de plata americana y se quedaba con el excedente. Las investigaciones de la Corona confirmaron que los numismas solo contenían el 75% de la plata que legalmente debían tener. Este fraude tuvo graves consecuencias internacionales, pues la confesión hizo tambalear a la maquinaria bélica de la España de los Habsburgo, que debía financiar la guerra en Flandes con las provincias de Países Bajos y convencer a los banqueros genoveses de su seguridad monetaria para acceder a préstamos.
Ante la magnitud del escándalo, la monarquía decidió en 1657 retirar parte de las monedas que eran aceptadas en América, Europa y Asia. Las ganancias de la falsificación eran tan grandes que permitían sobornar a políticos, no solo entre las autoridades americanas, sino también españolas, incluso al interior del propio Consejo de Estado. En su libro, Lechín escribe: “Lo que pasaban por alto, por interés o ceguera, era que las ganancias de la falsificación eran tan grandes que permitían sobornar a políticos, no solo entre las autoridades americanas, sino también españolas, incluso al interior del propio Consejo de Estado”.
Como resultado de las declaraciones obtenidas durante el proceso, se condenó a pena de muerte a parte de los autores. Lechín comentó sobre el desafío literario que implicó esta obra: “Necesitaba tener la pluma necesaria para contar la historia”. La relevancia histórica de la plata potosina queda reflejada en la frase atribuida a Miguel de Cervantes: “Vale un Potosí”.