Oslo, 13 de abril de 2026.- Un trasplante de células madre con una determinada mutación logró la curación de un hombre con VIH, un caso que eleva a diez el número de personas en remisión de esa enfermedad desde el ‘paciente de Berlín’ en 2009. El estudio fue publicado en Nature Microbiology y está liderado por el Hospital Universitario de Oslo, contando con la participación del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa de Barcelona.
El denominado ‘paciente de Oslo’ es un hombre de 63 años que fue diagnosticado de VIH a los 44. En 2020 recibió un trasplante de células madre para tratar un síndrome mielodisplásico, un tipo de cáncer de sangre. Para el procedimiento se buscó un donante con la mutación genética natural CCR5-delta 32; al no encontrarse uno compatible en los registros, se optó por primera vez por el hermano del paciente, quien de forma inesperada era portador de la mutación.
A los dos años del trasplante, por indicación y con seguimiento médico, el paciente dejó el tratamiento antirretroviral para el VIH. A los cuatro años de la retirada del tratamiento, sigue sin rastro detectable del virus. A sus 63 años, es junto a un paciente de Estados Unidos uno de los más longevos que se han sometido a este tratamiento.
Javier Martínez-Picado, coordinador del consorcio internacional IciStem 2.0 dedicado al estudio de la curación del VIH mediante trasplantes de células madre, señaló que “estos hitos nos permiten entender mejor cómo se produce la curación y avanzar hacia estrategias más aplicables a todas las personas con VIH”. El consorcio IciStem 2.0 es el que más casos ha documentado en el mundo, cuatro hasta ahora.
Respecto al alcance del hallazgo, Martínez-Picado afirmó: “Que hoy haya diez pacientes en remisión no es casualidad, es el resultado de más de una década de investigación internacional”. Por su parte, María Salgado comentó que lo ocurrido “abre la posibilidad a que la cura no esté limitada a ciertas edades o cierto estatus de salud”, añadiendo que estos pacientes “tienen una esperanza de vida que se separa muy poco de la de una persona sin VIH y una calidad de vida bastante buena”.