Ciudad De México, 12 de julio de 2026.- En México, nacer en el país y ser mexicano es un hecho normal y cotidiano, situación que contrasta con políticas implementadas en otras latitudes donde el derecho de suelo ha sido limitado o eliminado.
En República Dominicana, nacer en esa parte de la isla no otorga la nacionalidad a sus vecinos de Haití, marcando una diferencia racial entre negro y mulato. Por su parte, en Francia ya no se otorga la nacionalidad por nacimiento. La razón en ambos casos es preservar la identidad nacional; específicamente en el caso francés, se busca preservar la raza blanca.
En Estados Unidos, la primera orden ejecutiva del segundo gobierno de Trump buscaba cambiar la Constitución y cancelar el derecho a la nacionalidad por nacimiento. La razón de esta propuesta es fundamentalmente racial o racista, pues Trump se ha lamentado públicamente de que no vengan inmigrantes de Noruega o Dinamarca. Sin embargo, la Corte Suprema de EE.UU. impidió el cambio constitucional en materia de la nacionalidad por nacimiento.
Este derecho está protegido por la Enmienda XIV, que otorgó derechos plenos a todos los nacidos en EE.UU. y fue consecuencia de la guerra de secesión y el fin de la esclavitud. Estados Unidos es un país multirracial por su historia esclavista y expansionista, y sus estadísticas oficiales distinguen cuatro grupos raciales: blancos, negros, latinos y asiáticos, además de indios americanos. El último censo de 2020 informó que la población blanca había disminuido en 4 millones, mientras que se necesitan 2 millones anuales de inmigrantes para contrarrestar el declive poblacional.
Sobre las motivaciones detrás de estas restricciones, un artículo de opinión señala: “Se dice que esta medida sirve para controlar la migración, pero en realidad sirve para insertar a la población migrante trabajadora en un mercado terciario, en el quedan expuestos a múltiples abusos y a una situación de vulnerabilidad permanente”.
Respecto a las preferencias expresadas por el mandatario estadounidense, el mismo análisis indica: “Ni en sueños van a querer ir a Estados Unidos los suecos, finlandeses, noruegos, daneses y otros. Su calidad de vida es mucho mejor, y tienen además cubierta la educación, la salud, el desempleo y la jubilación”.
Finalmente, el texto concluye que “la demografía es implacable, pero la política no entiende de razones estadísticas ni toma en cuenta un futuro poblacional inexorable; más bien, se rige por intereses inmediatos y electorales, y por preservar un pasado y un dominio que ya no existe”.